23 abr. 2012

Y Metros Mas Allá Se Narra…

Su silencio te suena a beso, y su portazo a gemido.
Arañazos y golpes que ocupan el espacio de las caricias.
Sus gritos son como el descorchar una botella del mejor licor y el vaso rompiéndose contra la pared es como el sonido del papel de regalo al desenvolverse.
Malas caras en las que solo hayas sonrisas, solo quieres ver sonrisas….

Y un puñetazo más contra la pared, mientras cierras la puerta a tus espaldas.
Ya no lloras, no quieres hacerlo porque eres fuerte. Y lo eres.
Pero no ahí, ahí amas cobarde y con las manos tapándote los oídos.

Abres la puerta, abrazo y palabras recogidas con la misma inocencia que un niño recoge un caramelo en la puerta de un colegio. Y el mismo veneno…

Y llega un momento que vuelves a casa y al meterte en la cama recuerdas que crees en el amor, el que sale en las películas y los libros.

Y la única credencial es el amor que esperas que sea recogido.
Todo sea por otra noche en su coche, en su cama.
Sus manos te tapan los ojos ante todo y ante la nada que es.

Y así. Pasan los días; hasta que sea demasiado el tiempo. Demasiado tarde.

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