16 sept. 2011

Volver (con la frente marchita)

Cantaba Carlos Gardel…

"Bajo el burlón mirar de las estrellas, que con indiferencia
hoy me ven, volver.
(…)
Vivir, con el alma aferrada
a un dulce recuerdo, que lloro otra vez"


Hoy, además, no me apetece hablar de nada con nadie.
Siento una hiperactividad extrema.
Llorar haciendo las maletas. Menuda gilipollez mas grande ¿verdad?
Pues nada, ahí andamos.

Y juro que vuelvo con ganas.
Que me apetece volver allí.
Pero sin irme ya quiero llevarme estos olores, estos sabores. Y los sinsabores también.
Mis raíces. Mi gente. Sus ladridos. Su trino.
El ruido de las hojas meneadas por el aire.
Las noches en vela sin sirenas de fondo.
Las noches en el campo, cuando solo se oye a el silencio.
Y bueno, seamos sinceros, un par de 'pucheros' (sentido gastronómico) de mamá también.
Son tantas cosas las que no es que no quepan, es que no puedo llevármelas.
Son mías, y se tienen que quedar aquí. En mi sitio.
Donde me forjé como soy, y de donde no marcho sin aprender cosas nuevas.
De donde marcho, y donde siempre puedo volver.
Aquí no hay tiempo.
Aquí hay cariño.
Hay besos.
Hay alguna peleilla, y las mejores reconciliaciones del mundo acompañadas de un buen almuerzo.

Pero, tengo que despegarme de esto. Y extrañarlo.
Para dejar de extrañar la ciudad y esas chicas fantásticas y maravillosas (y más palabras que aún están por inventar porque no hay manera de definirlas).
Y todas esas cosas que me quedan por vivir y que, así a priori, no sé ni por donde cogerlas.
Como esas cajas de zapatos y de libros…. Tanto tiempo y aún no sé hacer maletas.

Siempre extrañando.
Siempre aprendiendo, recibiendo, disfrutando.
Creciendo. Queriendo.
Pero todo a mi manera. Complicada. Enrevesada. Pero ¿qué interés tendrían las cosas sino?

Además, ¿qué sentido tendría permanecer siempre en un lugar?
Tengo que echar de menos para valorar cuanto quiero a lo que está lejos. Es algo que se va aprendiendo con el tiempo y con los kilómetros; lo que no quita que necesite cosas con menos distancia y más afluencia.


Y volveré a correr para llegar a la facultad.
A los amagos de atropello matutinos (agradezco encarecidamente que los conductores tengan por la mañana tantos reflejos. Yo, no los tendría en su lugar).
A los chocolates de máquina, a los cafés de la tarde.
A las tardes paseando viendo escaparates.
A mi escondrijo semi-secreto.
A los planes de última hora.
A las charladas de tres.
A las noches en vela.
A "íbamos a dar un paseito para despejarnos, y volvimos a las siete de la mañana"
Y a un sin fin de cosas que ni espero.

… Y no quiero hablar con nadie.
Pero cuéntame un chiste para, por lo menos, reírme.
Que ahora mi melancolía se desborda por todos los derroteros posibles.
Liando las cosas, ah.

Nos vemos. Por Valladolid.
Y… me despediré con una canción que acaba de sonar en el aleatorio del iTunes pero que… es alegre. Me apetece.
Como siempre, sed felices.

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