13 jul. 2011

Pide por esa boquita.

No me gusta pedir.
No por nada, pero las cosas tienen que surgir.
No sirve de nada que yo te pida algo y tu me lo des.
Hombre, si, si voy a la panadería tendré que pedirle el pan que quiero, no lo va a leer en mi mirada que quiero una baguette muy cocida.
Pero incluso, pasados los años de acudir al mismo lugar, el camarero sabrá que me gusta el vodka con Sprite, la coca cola con limón y mucho hielo, y la mujer/hombre de la tienda sabrá que solo compro chocolate con leche nestle o que si se trata de helados difícilmente compraré otro que no sea de limón. Le debo cierta exclusividad al limón y a otras tantísimas cosas que hago rutinariamente.
Empieza a gustarme la rutina quizás porque es inevitable. Porque la vida es una sucesión de pequeñas rutinas. Pero no tanto la frecuencia de ciertos actos. O como esos ciertos actos no entienden mi rutina.

Pero no quería irme por esos derroteros del pan.
La cosa es mas esta: Tú te imaginas ir a alguien y pedirle un abrazo, o un beso.
Me parece arrastrarse. Yo sé cuando tengo que dar un abrazo a alguien, cuando he de besarle; y en contraposición cuando no he de hacerlo.
Y son cosas que se han de hacer rutinariamente, no el modo en el que se dan, ni la manera, pero si la afluencia con la que se entregan.
Y yo no sé si soy demasiado cariñosa, o ñoña, o empalagosa. Pero… 
No sé, la mayoría de veces cuando yo necesito un puto jodido abrazo tengo que terminar pidiéndolo.
También soy un poco antojosa. Pero eso es otro asunto.
Aunque quizás si, eso entra en el tema de "Cuando la poliza de papá y mamá solo cubre 75% de los daños".


Y no voy a pedirte que me abraces.
A lo mejor no puedes, o no sabes con exactitud si lo necesito.
O quizás no lo merezca de tus brazos.
Pero cuando creas que no lo necesito quizás sea cuando mas falta me haga.

También no sé.
Quizás pinto muy bien la fachada. Demasiado bien.
que caiga el chaparrón, total este maquillaje aguanta todo tipo de tormentas.
Es de acero. Inoxidable.

Pero no voy a ser una plañidera, yendo de rincón en rincón.
Y buscando brazos y mimos baratos de cualquiera que se compadezca.
¿Pero qué es esto?.
No.
Pero ¿ves? Parece que ido algo más que reflejos y gotelé.
¿Cómo no? Parece que pido y quizás esté pidiendo.

Piénsalo.


Ficciones:
"Y caminaba por la noche. De puntillas para no molestar.
Procuraba no tropezar para no hacer ruido. Sigilosa y silenciosa.
Hacía frio, y se sentó allí. En aquel banco de cualquier calle. De cualquier lugar.
A esperar a quien sabe quién y quien sabe qué.
Iluminada por la luz de la luna…
… Y llegó el amanecer. Al abrir los ojos vio como el sol empezaba a despuntar por el horizonte.
Y ella quizás fue la primera en verlo del lugar. O ella así lo sentía.
Y se fue.
Era lo que esperaba. El sol y la mañana. La claridad.
La luz para verlo todo más nítido.
Para intentar que todo sea mas fácil.
Para, aún no pudiendo moverse más allá de aquel banco intentar acercarse un poco.
Para que ver si a la noche siguiente no tiene que dormir soñando. Sino dormir viviendo.
Y que durante el día no tenga que esperar que las cosas duelan un poco menos.
Que los amaneceres sean menos cuesta arriba. Y las noches menos llanas.
O cuando menos; que no tenga que contar en singular como es eso de dormir en bancos con la luna y en camas con frío. Que cuente lo que es ver la luna y dormir al abrigo de (sus/tus) brazos".

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