4 nov. 2010

A mi tierra…

Esa tierra ahora tan lejana…
Ese cachito de gloria en la Tierra.
Aquí donde estoy te veo lejana, pero te siento mas cerca que nunca,
te extraño, y te lloro como los ríos que gloriosos te atraviesan.

Y es que mi niñez se anuda en esos campos tostados,
y se fue aquella con una brisa fresca, brisa que trajo a la osada adolescencia.
Juventud! Tan vivaz como tus frondosos bosques!.

Y sin terminar de amarte (y aún así te amo mas que a mi) me apartaron de ti.
De mi refugio, de mi hogar…
Y de tu aire, tu agua, tu frío que resulta tan cálido,
tus olores, tus gentes… pero allí reposa mi esencia.
Y una mañana al amanecer, cuando el sol se asomaba tímido entre los montes, me fui.
Con mas pena que gloria arrastraba mi maleta.
Maleta en la que no pude llevarte no solo por lo grande que eres tierra mía, sino porque era de ti de quien me marchaba.

Aquí donde me encuentro las caras no se miran a los ojos;
el aire es frío, seco… todo es cortante, individual.
Aquí cada respiración es como una losa…
Losa que pesa tanto como los días que paso en tu ausencia.
Sin ti, que guardas a lo que mas quiero, y que me guardas a mi desde la distancia.
Porque me he ido y no me he ido del todo,
porque me estoy yendo y siempre dejo algo…
mi alma enamorada que se queda donde tu la aguardas.

Estos campos vecinos me quieren; pero jamás podrán quererme tanto como para no volver a ti.
Volver a mi.
Aquí también anochece, pero sin embargo, nunca veo esas perlas que brillan en tu cielo noctámbulo.
Aquí también amanece, pero no oigo a los pájaros cantar y repiquetear en mi ventana.
Aquí… aquí te echo de menos, mi Burgos querido.

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