28 sept. 2010

Travel

Una persona de autobús se haya sentada en una parada de autobús de cualquier ciudad a primera hora. Todo está solitario, pero en corazón de la gran ciudad empieza a bombear gente; en pocos minutos aquella solitaria estancia se convierte en un hervidero de personas.
Van, vienen… Almas independientes con un abanico de infinitas historias que narrar. Historias de sueños que se quedaron en eso; sueños.
Sus caras son retratos de dolor; ojos llorosos, rotos; labios cerrados, sonrisas perdidas, miradas vacias al horizonte y al suelo.
Manos frias, cuerpos rígidos, intentenciones heladas.
Todo esto hace de la metrópolis una gran morgue.
Con miles de preguntas en su interior miraba hacia la gente… ¿quién tenía la culpa de esa degeneración social?. Y volvió a lanzar la misma pregunta gritando, gesticulando… pero los demás se limitaban a mirar. Nada exceptuando decenas de maniquies en una parada y a él.
Pero por fin llega el autobús y todos suben. Una vez allí consigue un asiento, no cabe ni un alma en aquel tetraedro con ruedas.
A través de la ventana un casas monotonas, un mundo en decadencia… la gente de dentro sigue igual que hace unos minutos, igual hace horas… meses… años…. Es duro pensar que ese roce forzado con la gente en autobús sea el único contacto físico que lleven a cabo.
Cada uno permanece sumergido en si mismo, y aunque mirandolos no lo parezca, aún siguen vivos.
Nadie sabe a donde se dirige el autobús; el destino resulta completamente indiferente.
Pobre pasajero embarcado en el viaje de la vida…. Gris sociedad, negro destino.
El únic peligro, el mayor accidente sería convertirse en la mayoría, dejar de ser "el pasajero" para ser simplemente uno mas.
Perder su esencia; algo que ocurre continuamente.
Me siento pasajero, en un viaje que no me corresponde.

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